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Marketing

La sorprendente robustez de la industria musical

steve albini la sorprendente robustez de la industria musical

Debido a lo lúcido y esclarecedor discurso realizado por Steve Albini en el pasado Face The Music en Melbourne, esta semana os traemos íntegra la traducción del artículo “Steve Albini on the surprisingly sturdy state of the music industry – in full” que recoge un completo sobre su intervención, realizada por Javier Casillas.

Steve Albini es el productor (él prefiere el término “ingeniero de grabación”) de varios miles de discos. Es también un miembro de la banda Shellac. En 1993, publicó “The problem with music”, un ensayo en el que exponía su creencia de que la industria dominada por los grandes sellos de la época era ineficiente, con músicos explotados y que dio lugar a continuación al inercambio músical. El sábado dio el discurso de apertura en Melbourne de la conferencia Face the Music en la que celebró el hecho de que internet haya desmantelado este sistema y se señaló sus desigualdades:

“Voy a explicar primero un par de cosas sobre mí. Tengo 52 años, he estado en bandas de forma continua, y activo en la escena musical de una forma u otra desde alrededor de 1978. En este momento estoy en una banda, también trabajo como ingeniero de grabación y soy dueño de una estudio de grabación en Chicago. En el pasado también he sido escritor de fanzines, DJ de radio, promotor de conciertos y fundé un pequeño sello discográfico. No he tenido un éxito terrible en ninguna de esas cosas, pero yo las he hecho, por lo que las califico como parte de mi CV.

Trabajo todos los días con música y con bandas desde hace más de 30 años. He hecho un par de miles de discos para bandas independientes y estrellas de rock, para grandes y pequeños sellos. Grabé un disco hace un par de días y estaré grabando otro en cuanto baje del avión. Así que creo que esto me pone en una muy buena posición para evaluar el estado de la escena musical hoy en día, lo que se refiere a la forma en que solía ser y cómo ha sido.

Todos estamos aquí para hablar sobre el estado de la escena musical y de la salud de la comunidad de la música. Voy a empezar diciendo que estoy satisfecho y optimista sobre el estado de la escena musical. Y doy la bienvenida a los cambios sociales y tecnológicos que han influido en ella. Espero que mi intervención de hoy provoque un debate y a través de ese debate se puede invocar una apreciación de lo resistente que es la comunidad musical, todo el apoyo que puede dar y lo acogedora que debería ser.

He oído de algunos de mis colegas que estos son tiempos difíciles: que internet ha cortado las piernas a la escena musical y que muy pronto nadie va a hacer más música porque no da dinero. Prácticamente en todos los lugares donde se escribe sobre la música, hay alguna versión de esta perspectiva preocupante. Las personas que solía ingresar grandes cantidades en royalties han visto los royalties se acaban. Y la gente que solía ganarse la vida vendiendo discos están teniendo problemas para vender descargas como sustituto de los álbumes, y ya no los hacen.

Así que hay una suposición tácita de que este dinero, dinero perdido, necesita ser reemplazado y una gran cantidad de energía se ha gastado discutiendo desde donde vendría ese dinero. Abunda una indignación por esto, con todo el mundo insistiendo en que alguien debería pagar por él, pero que él no debería tener que pagar por cualquier otra persona. Me gustaría ver el fin de esta insatisfacción.

Vale la pena recordar de dónde venimos. Dónde se origina esta mala sangre. Entre los 70 y los 90, el período en el que yo era más activo en las bandas de la escena musical – llamemos a ésta la era pre-internet. La industria de la música era esencialmente la industria discográfica, en la que los discos y la radio eran los lugares a través del cual las personas aprendían música y sobre todo la vivieron. Estaban unidos por MTV y vídeos en los años 80 y 90, pero la principal forma de relacionarse con la música era a través de grabaciones de sonido. Había una escena de bandas en auge y todas las bandas aspiraban a conseguir grabar, como marca de legitimación.

“EN LOS 70 Y 80 LA MAYORÍA DE LAS BANDAS PASARON LA TOTALIDAD DE SU CICLO VITAL SIN GRABAR UNA SOLA NOTA”

Pero la grabación era una empresa rara y cara, así que no era común. Incluso sus maquetas requerían una inversión considerable. Así que cuando empecé a tocar en grupos en los años 70 y 80, la mayoría de las bandas pasaron la totalidad de su ciclo de vital, sin que ni una sóla nota suya fuera grabada.

Ahora voy a describir la escena como la observé en Estados Unidos, pero entiendo que la mayoría de las estructuras y condiciones que observé tienen paralelismos en otros mercados. Tal vez alguien de mi generación puede añadir el color local propio a mis comentarios – prefieriría que lo gritaran en tantos acentos como se puedan reunir.

Como criterio para la economía del día o de la época, en 1979 se podía comprar un single de 45rpm por un dólar, un álbum nuevo por $ 5, ir a ver un concierto a un club por $ 1 o un concierto en un estadio por $ 7. Sé estas cosas porque todavía tengo algunas entradas viejas y pegatinas de precios en mis discos. Tened en cuenta la relativa paridad entre los costes de un espectáculo en directo y los de la música grabada. Una inflación gradual de los precios se mantuvo en marcha a través de los años 90, encareciendo la música grabada, aunque siguió siendo el principal medio de experimentar la música.

Toda la industria dependía de estas ventas, y las ventas dependen de la exposición. Bandas de grandes sellos giraban, esencialmente para promocionar sus grabaciones. Y los sellos proporcionaban apoyo promocional y logístico para mantener las bandas en la carretera. Esto apoyó una red de agentes y managers y roadies y personal de staff, por lo que el coste era considerable.

Los puntos de venta también ofrecían colocaciones especiales y promoción: displays, carteles, menciones en anuncios impresos, regalos, baratijas y lo que se llamó ejemplares de muestra finales. Las discográficas pagaban generosamente por estas promociones y las tiendas utilizan la venta de estas promociones como ingresos adicionales. Cadenas de tiendas confiaron especialmente en promociones en toda la cadena corporativa, sin importar lo que las tiendas pensaran sobre lo que a su clientela local puede gustar. No era raro ver grandes posters de bandas de hair-metal en establecimientos urbanos donde no podrían vender un solo palo, pero las compañías habían pagado para que se usaran, por lo que así se hacía

Las emisoras de radio fueron enormemente influyentes. La radio era el único medio para escuchar música desde cualquier pueblo y las discográficas pagaban un alto precio para influir sobre ellas. El pago directo había sido declarado ilegal, pero esto tenía una solución trivial. Los comerciales de las discográficas actuando como consultores de programación eran los intermediarios. Pagaban a las emisoras para acceder a sus programadores y llevaban a cabo reuniones en las que se promocionaban nuevos discos.

Estas ofertas promocionales eran bastante lucrativas. Pero sus cuentas dependían deque las emisoras de radio incluyeran los discos a sus listas de reproducción. Para satisfacer este requisito y quedarse con el dinero de promoción que fluía, las emisoras a menudo ponían diminutos fragmentos de canciones mezcladas, una tras otra, en cualquier flujo incomprensible durante la programación nocturna , para satisfacer el requisito de programación de las canciones en su lista de reproducción. Las emisoras de radio populares también organizaban conciertos masivos, a menudo de forma gratuita o por precios testimoniales con bandas que los sellos estaban promocionando. Estos conciertos de radio no pagados fueron un lastre para sus ingresos de gira, pero el valor promocional se presume que valía la pena.

Los periodistas y redactores que hacían críticas, los directores de programas y DJ`s independientes que podían incluír discos en las listas de reproducción o pinchando en clubes nocturnos, fueron untados de lo lindo. Se les enviaban baratijas promocionales y copias de discos anticipadas. A veces, por cajas. Es de suponer que se trataba de archivos y copias para una primera escucha. Pero en realidad eran un soborno. Estas copias promocionales se vendían inmediatamente en tiendas de discos de segunda mano y no era extraño que como resultado esas tiendas se cargaran en exceso con los nuevos lanzamientos antes de los lanzamientos oficiales. Mi esposa trabajó en una tienda de discos de segunda mano en los años 90. Y los clientes que más repetían era, de largo, gente que estaban en esas listas de promoción de las compañías. El personal de la tienda mantenía un inventario temporalmente y el editor de la sección de música del semanario local adquiría una cómoda segunda renta de $1,000 o más al mes vendiendo estas copias promocionales.

Así que era un sistema con fugas, plagado de ineficiencias, pero mucha gente se ganaba la vida a través de él. Los dueños de las tiendas de discos, los compradores, empleados, agencias de publicidad, diseñadores, dueños de clubes, representantes de las compañías, cazatalentos, productores, estudios de grabación, publicistas, abogados, periodistas, directores de programas, distribuidores, tour managers, managers de bandas, y todos los servicios auxiliares que requerían: banca, transporte, impresión, fotografía, agencias de viajes, limousinas, guardarropía, distribuidores de cocaína, prostitutas…toda esta gran masa de la industria necesitaba sostenerse. Cada faceta de la industria se adaptó a esta necesidad.

El pedazo más significativo del entramado era un truco contable llamado recuperar costes. Los costes de hacer un disco no corrían a cargo del sello discográfico, excepto al principio. Esos costes se recuperaban o tomados de los ingresos de la banda o, por el contrario, haciéndolo pasar por royalties. Lo mismo puede decirse de todas esas copias promocionales, carteles, pinchadiscos de la radio y encargados de los sobornos, productores, publicistas, soportes de las giras, afiches, transportes, fletes – básicamente cualquier cosa que podría estar asociado con una banda o disco específicos era pagado en última instancia por la banda, no por el sello discográfico.

Como las compañías pasaron del vinilo al CD como formato dominante, podrían vender fácilmente los CD convenientemente, compacto y sin problemas para escuchar música. El margen de beneficio explotó y el dinero se volvió loco. Los costes al por menor de un CD era un 50 ó 100% más que un LP, pero los costes de fabricación, transporte y almacenamiento eran una pequeña fracción. Las etiquetas utilizaban incluso el legado de vinilo como una herramienta para aumentar el margen de beneficio cargándoles a las bandas como embalaje único, a pesar de que el embalaje CD fue diseñado para ser estandarizado. O preventivamente cargando los costes de CDs rotos a una velocidad que implicaría que alguien estaba atacando el inventario con un hacha.

“SI EL SELLO TE ESTÁ PAGANDO CON EL DINERO DE OTROS, NO NECESITA PREOCUPARSE DE CUÁNTO LE COBRAS”

Al final, de las bandas que operaban bajo este sistema ganaban muy poco de sus ventas de discos, a menos que fueran estrellas monumentales. A menudo demasiadas bandas llevarían a cabo toda su carrera con un sello y nunca llegarían al punto donde se habrían recuperado lo suficiente como para recibir el pago de nada en absoluto. Ahora las compañías hacían su beneficio por cada disco vendido. Y podían recuperar el coste de cualquier disco no vendido. Y todas aquellas otras personas eran pagadas con el dinero que habría ido de otra manera a las bandas como royalties. Como era de esperar, las otras personas también eran pagadas bastante bien. Es lógico pensar que si el sello te está pagando con el dinero de otra persona, no necesitapreocuparse de cuánto le cobras.

Durante los años 90 había una especie de carrera armamentista para ver quién podía firmar el mayor contrato. Es decir, el trato con la mayor cantidad de dinero gastado en nombre de una banda. En un concurso singularmente indoloro el dinero tampoco se pagaría a la banda como un royalty, que supondría poner el dinero fuera del sistema y ponerlo en cosas como casas y tiendas de comestibles y educación universitaria. O podría ser pagado a otros operadores dentro de la industria, aumentando la influencia y el prestigio de la persona que realiza el gasto. Es como si tu jefe, en vez de darte a ti el cheque de tu salario, les diera ese dinero a sus amigos y socios de negocios en tu nombre. Si el costo neto era el mismo y sus amigos y asociados podrían devolverle el favor, ¿por qué iba a querer dejar nada de ese dinero en tus manos?. Era un sistema que garantiza el gasto, recompensando a los derrochadores más derrochadores en un sistema diseñado específicamente para malgastar el dinero de la banda.

Pero había bandas fuera de ese espectro de las compañías. Bandas trabajadoras del tipo yo siempre he estado ahí, y para aquellas bandas todo fue siempre más pequeño y más simple. La promoción era por lo general a base de carteles pegados en postes, de vez en cuando menciones en la radio de la universidad y fanzines. Si habías montado un concierto en un lugar que no lo anuncia, entonces te enfrentabas a una posibilidad muy real de tocar en una sala vacía. Los medios locales no tomaran en serio las bandas hasta que había titulares nacionales sobre ellos, por lo que podrían básicamente olvidarse de la cobertura de la prensa. Y la radio comercial fue totalmente bloqueado por el sistema de sobornos impulsada por los disc-jockeys y directores de programas.

La exposición internacional era extraordinariamente cara. Para que tus discos cayeran en manos extranjeras había que convencer a un distribuidor para exportarlos. Y eso era difícil sin medios para que cualquiera pueda escuchar el disco y de decidirse a comprar. Así que acababas enviando copias promocionales al extranjero a un precio terrible, sin estar nunca seguro seguro de si iban a ser escuchadas o no.

John Peel

Foto de Eamonn McCabe/Redferns

La única excepción a esto fue el brillante DJ de la BBC John Peel. Escuchaba religiosamente todos y cada uno de los discos que recibía en el correo, dedicando horas todos los días para la tarea. Le envié una copia del primer álbum que he hice y no sólo lo puso en el aire, me envió una tarjeta postal con un recuerdo personal de Chicago, de visitar a una tía madrina como un niño en Evanston, suburbio donde mi cuenta de correo se mantuvo. Atesoré esa nota como el primer indicio de que John Peel era un gran hombre.

Así que estas bandas independientes tenían que ser ingeniosas. Habían construido su propia infraestructura de clubes independientes, promotores, fanzines y Djs. Tenían sus propios canales de promoción, incluyendo los inicios de la cultura de Internet que es tan frecuente hoy en día – que son los tablones de anuncios y grupos de noticias. Estas bandas independientes incluso hicieron su propio sello discográfico. Algunos eran colectivos, y los que no lo eran tenían posibilidades de operar sobre una base de reparto de beneficios que animó a la eficiencia, en lugar de un sistema de patronazgo recuperable que animaba a la indulgencia.

Ahí es donde me salieron los dientes, en esa escena independiente llena de punks y fanáticos de ruido y drag queens y compositores experimentales y charlatanes poetas callejeros. Puedes agradecer al punk rock todo eso. Ahí es donde la mayoría de nosotros aprendimos que era posible hacer nuestras propias grabaciones, llevar a cabo tu propio negocio y mantener el control de tu propia carrera. Si un grupo de esnifadores de pegamento llenos de granos podían hacerlo, razonamos, entonces cualquiera podría.

El número de discos editados de esta manera fue increíble. Miles de pequeñas producciones hicieron su camino en las tiendas especializadas independientes “mom and pop”, que luego proporcionaban un mercado para la distribución independiente. Fue el comienzo de una alternativa al paradigma sello discográfico. Era engorroso y lento, pero era más eficiente que un enfoque de revólver con los grandes sellos, cuya respuesta a cada problema era gastar más dinero de la banda.

Fue el comienzo de lo que llamaríamos la red de pares. A mediados de los años 90 hubo sellos independientes y distribuidores moviendo millones de dólares en discos y CD. Y había una economía sumergida saludable de bandas que hacian un ingreso razonable debido a las eficiencias superiores de los métodos independientes. Mi banda, por ejemplo, recuperó el 50% del beneficio neto de cada disco grabado con nuestro sello discográfico. Lo llevamos a cabo y ganamos más royalties por cada pieza que Michael Jackson, Bruce Springsteen, Prince, Madonna o cualquier otra superestrella operando simultáneamente. Y éramos sólo una de miles de esas bandas.

Por lo tanto, ese era el sistema que había. Eso es lo que perdimos cuando Internet hizo que todo fuera disponible en todas partes de forma gratuita. Y no se equivoquen sobre esto, hemos perdido. Todavía hay una red de sellos independientes, pero es una mínima fracción de lo que era. Las compañías que insisten en sobrevivir lo hacen mediante el suministro de música de nicho para un público exigente. Y debido a que se han armado de valor en el arte de la eficiencia, su constitución les permite escalarlo todo para satisfacer la demanda restante.

Puedes haber notado que en mi descripción del mercado de masas de la escena musical y de la industria en la era pre-internet hice poca mención de la audiencia o las bandas. Esos dos extremos del espectro apenas fueron considerados por el resto del negocio. Se esperaba que los fans escuchasen la radio y comprasen discos, y que las bandas grabasen discos e hicieran giras para promocionarlos. Y eso fue todo lo que se pensó en ellos. Pero el público era de donde provenía todo el dinero y las bandas eran de donde provenía toda la música.

“LA MÚSICA PASÓ DE SER CARA Y RARA… A SER GRATIS EN TODO EL MUNDO. LO QUE FUE UN DESARROLLO FANTÁSTICO”

A través de internet, que más que nada crea el acceso a las cosas, la música sin límites llegó incluso a estar disponible de forma gratuita. Las grandes compañías discográficas no vieron cómo hacer dinero a partir de la distribución en línea por lo que efectivamente lo ignoraron, dejando que los hackers y el público repoblaran el nuevo paisaje de las descargas. La gente que prefiere la comodidad de los CDs más que de los LPs, naturalmente prefieren descargar música aún más. Puedes descargar o transmitir o escuchar desde YouTube o tienes a tus amigos en tableros de mensajes o citas, puedes enviar archivos zip. En un parpadeo la música pasó de ser algo raro, caro y sólo estár disponible a través de medios físicos en los puntos de control a ser ubicua y gratis en todo el mundo. Lo que fue un desarrollo fantástico.

Hay un montón de sombra arrojada por la gente en la industria de la música sobre lo terrible que es el libre intercambio de música, cómo es el equivalente de robo, etc. Eso es todo mentira y vamos a lidiar con eso en un minuto. Pero por un momento quiero que mireis la experiencia de la música desde la perspectiva de un fan, posterior a internet. La música que era difícil de encontrar ahora era fácil de encontrar. Música para satisfacer mis gustos específicos, por muy jodidos que fueran, era ahora accesible a unos pocos clics o tal vez con la publicación de una consulta en un tablón de anuncios. En respuesta tendría más acceso a la música de lo que nunca me hubiera imaginado. Guiado por otros entusiastas, dispuestos responderme con el mejor material; gente, como yo, que quieren que otras personas escuchen la mejor música.

Esta distribución de música impulsada por la audiencia tiene otros beneficios. A música largamente olvidada se le ha dado una segunda vida. Y a las bandas cuya música se adelantó a su tiempo se les ha permitido llegar a un nicho de audiencia que la antigua distribución masiva no logró encontrar para ellos, y esta música olvidada finalmente consiguió saldar su deuda. Hay un documental excelente sobre uno de esos casos, la banda de Detroit DEATH, cuyo único álbum fue editado sin apenas dedicación en, creo, 1975 y desaparecido hasta que una copia del mismo fue digitalizada y hecha pública en Internet. Gradualmente, la banda encontró una audiencia, su música consiguió ser cuidadosamente reeditada, y la banda ha resucitado, con giras en las que tocan llenando locales. Y a la banda se les está permitiendo ahora la carrera que el antiguo star-system les había negado. Hay cientos de historias y hay sellos especiales que no hacen sino la reedición de clásicos como estos que una vez existieron.

Ahora veamos las condiciones desde la perspectiva de una banda, las condiciones a las que se enfrenta una banda. En contraste con los viejos tiempos, los equipos de grabación y la tecnología se han simplificado y se convierten en algo fácilmente disponible. Las computadoras ahora vienen pre-cargadas con suficiente software para hacer una maqueta decente y las tiendas de guitarras venden micrófonos y otros equipos de bajo costo que anteriormente sólo estaban disponible para un sueldo desorbitado. Esencialmente cada banda tiene ahora la oportunidad de hacer grabaciones.

Y pueden hacer cosas con esas grabaciones. Pueden publicarlas en línea en un gran número de sitios: Bandcamp, YouTube, SoundCloud, sus propios sitios web. Pueden vincularlos en foros, Reddit, Instagram, Twitter e incluso en las corrientes de comentarios de otras músicas. “LOL”, “esto es una mierda”, “mucho mejor”, “muerte a falso metal”, “LOL”. En lugar de gastar una fortuna en llamadas telefónicas internacionales que traten de encontrar a alguien en cada territorio para escuchar su música, cada banda en el planeta tiene ahora acceso gratuito, instantáneo al mundo en sus manos.

No puedo exagerar la importancia de un desarrollo como este. Anteriormente, el paradigma top-down permitía a la industria local dictar qué música estaba disponible en aislados o remotos mercados, mercados aislados por ubicación o idioma. Era inconcebible que una banda pequeña o independiente podría tener penetración en el mercado de, digamos, Grecia o Turquía, Japón o China, América del Sur, África o los Balcanes. ¿Con quién hablarías para manejar tu música? ¿Cómo lo encontrarías? Y, ¿Cómo justificar las complicaciones de negocios y divisas requeridas para el envío de tan sólo cuatro o cinco copias?

“LOS FANS PUEDEN ENCONTRAR LA MÚSICA QUE LES GUSTA Y DESARROLLAR RELACIONES DIRECTAS CON LAS BANDAS”

Ahora, esos lugares son tan bien atendidos, como Nueva York y Londres. Los aficionados pueden encontrar la música que les gusta y desarrollar relaciones directas con las bandas. Es absolutamente posible -Estoy seguro de que sucede todos los días- que un chico en uno de estos lugares remotos puede encontrar una nueva banda favorita, envía a esa banda un mensaje, y que el cantante de esa banda lo leerá y responderá personalmente a ella desde su teléfono celular a medio mundo de distancia. ¿Qué hay mejor que eso? Os lo digo, es infinitamente mejor que tener una relación con una banda limitada a leerlo en la contraportada del disco. Si tal cosa fuera posible cuando yo era un adolescente que estoy seguro me habría convertido en una auténtica molestia para los Ramones.

Hace un par de años mi banda montó una gira por Europa del Este. Tocamos todos los puntos calientes: la República Checa, Polonia, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Bulgaria, lo hicimos también en Estambul, Turquía. Fue una experiencia mágica, tocando frente a un público que fueron relativamente motivados por la rutina de las bandas de siempre y nos recibieron como amigos. Tocamos en salas llenas del mismo tamaño que en el resto de Europa. Los mismos tamaños en que tocaríamos aquí en Australia. Y las audiencias parecen equívocamente familiarizadas con nuestra música. La diferencia clave radica en que en la mayoría de los lugares no hemos vendido un solo disco. Esencialmente el 100% de nuestra exposición había sido a través de medios informales porde Internet o de mano en mano.

Steve Albini with his Shellac bandmates, Todd Trainer and Bob Weston

Steve Albini with his Shellac bandmates, Todd Trainer and Bob Weston

En ese viaje establecimos contactos con promotores locales y organizaciones de arte y el público desarrolló un apetito por nuestra música y ya hemos vendido un buen número de discos en la región. Nuestra próxima gira por la zona resultó más fácil y vamos a regresar a Estambul esta primavera, con los contactos realizados en ese primer viaje exploratorio. Espero tener un tiempo maravilloso.

En resumen, Internet ha hecho mucho más fácil de llevar a cabo el negocio del día a día de estar en una banda y se ha incrementado la eficiencia. Todo, desde la programación de ensayos utilizando calendarios en línea, a reservar tours por correo electrónico, a la venta de merchandising y de los discos de las tiendas online, a aumentar los fondos para hacer un disco… es una nueva simplicidad por la que las bandas de la era pre-internet salivarían. El viejo sistema fue construido por la industria para servir a los jugadores dentro de la industria. El nuevo sistema en el que la música se comparte de manera informal y las bandas tienen una relación directa con los aficionados fue construido por las bandas y los aficionados a la vieja manera underground. Se omiten todos los pasos intermedios.

Bandas ahora tienen el control por defecto de su exposición. Ya no es necesario pagar a la gente para pagar a otras personas para poner tus discos en la radio, sólo para que esas personas mientan sobre ello. Ya no es necesario gastar dinero para que la gente escuche su banda. Sucede automáticamente.

Hay otro cambio mucho más sutil que todo esto instigó. Dado que las personas ya no tienen que escuchar la lista de reproducción de la radio y ya no tienen que comprar lo que el dueño de la tienda decide que compren, se han vuelto mucho más indulgente en sus gustos. Mis amigos normalmente ahora escuchar listas de reproducción exóticas que han ideado ellos mismos, llenos de opciones contrarias a la intuición y contrastantes que son únicamente suyas.

Nuestro jefe de oficina tiene un alta fidelidad en el estudio de esa oficina y es tan probable que se ponga el nuevo 45 de la banda de hardcore Leather o electro drone de Tim Hecker como un profundo soul de Cincinnati o música disco o una improvisación de guitarra, ya sea lo último de Oren Ambarchi o algo con más de 30 años del sello Takoma. Ahora la gente puede escuchar sólo la música que le extasía, todo el tiempo.

Hay comunidades en línea activas para todo tipo de música y sus subculturas. Si te gustan los Deep Cut del reggae de Dusty, la electrónica mínima, el pop sinfónico, Texas Blues, Japanese noise, electrónica de potencia, música para niños, música navidad, Raymond Scott, o Burl Ives, te garantizo que hay una comunidad en línea donde puedes conectar con otros aficionados a disfrutar la especificidad de tus gustos.

Estas comunidades en línea son ahora una parte vital de la escena y este debate y otros están siendo analizados por ahí todos los días. Probablemente de manera inconsciente descubrí algunas de mis posiciones en estas observaciones de las discusiones que he tenido en línea así que me gustaría que confesar este plagio ahora, como una manera de alentar a todos a participar en estos foros donde todas las conversaciones interesantes sobre la música están sucediendo.

Imagine una gran sala de fetiches, donde tienes lo que quieras, donde puedes follar y ser follado, donde sus gustos pueden cambiar a menudo, no importa qué hardware o arneses requieras, pero donde de repente se podrían abrir las puertas y encontrar un colchón cómodo en cualquier momento de día. Eso es lo que Internet se ha convertido para los aficionados a la música. Más gradas para los vitoreadores.

Como resultado, los fans son más ardientes por esta música. Ellos están dispuestos a gastar más en verla tocada en vivo. Están dispuestos a comprar más a menudo y con ganas de establecer una relación personal con la gente que hace la música. Los precios de los bolos han aumentado como resultado. Y las mesas de merchangdising en los conciertos están universalmente llenas de actividad. De vuelta a casa, los conciertos que solían costar cinco o seis pavos ahora son 20 o 30. Por aquí la inflación del boleto ha sido más pronunciada, con conciertos de club por $ 80 o más. Como resultados, los ingresos por concierto para las bandas han aumentado de manera exponencial. Mi grupo ha estado tocando un montón en los mismos lugares durante la totalidad de nuestra existencia, más de 20 años. Creo que podréis decir que hemos saturado a nuestro público, no importa cuánto tiempo nos quedamos en ellos. Algunos de estos conciertos perennes ahora los están pagando mucho mejor que hace 10 o 15 años. Así es, en algunos lugares en los que solíamos ganar cuatro o quinientos dólares, ahora ganamos cuatro o cinco de los grandes.

Esta facilidad de acceso, el interés redoblado y aumento de los ingresos ha creado una nueva asociación y posibilidades entre individuos, grupos y artistas visuales, cineastas en línea, coreógrafos y otros tipos de personas públicas. Las colaboraciones tienen lugar en tiempo real en internet, donde las partes a menudo no se encuentran cara a cara. Tengo un buen amigo que se encontró con un montón de tiempo libre el año pasado por lo que formó un par de nuevas bandas. Una de estas bandas fue totalmente formada por gente que sólo se conocía en línea y toda su música fue hecha por la colaboración en línea. Esta música fue el resultado puro de la interconectividad de internet.

Todo eso, todas esas características, todas esas posibilidades fueron instigadas y posible gracias a la música compartida en linea. Si no directamente, como en el caso de la construcción de un auditorio para la banda Death y mi propia banda en los Balcanes y más allá, entonces indirectamente por el cambio de las expectativas de los oyentes y músicos.

Esto explica mi entusiasmo por la forma en que la escena de la música ha cambiado, pero ¿qué pasa con mi optimismo? Me gustaría abordar un tópico acerca de la exposición en línea de la música. Por todas partes oímos, y es un lugar común: “Tenemos que encontrar la manera de hacer el trabajo de distribución de internet para todo el mundo.” Dibujo las comillas en el aire con mis dedos para indicar la distancia intelectual entre la cita y yo mismo. Tengo un amigo, Tim Midgett, que utiliza tres dedos para indicar ironía adicional. Esta es una de dos intermediarios.

No estoy de acuerdo tampoco con este tópico inofensivo. Es inocuo e insulso y llena el aire después de que alguien hace la pregunta: “¿Cómo está la escena musical en estos días?” Y se mantiene la esperanza de que el actual estado de cosas que se han mencionado, supuestamente trágico, se puede cambiar para mejor. Para “todo el mundo”. Esas palabras “todo el mundo” son importantes para las personas que utilizan la frase. En su mente el modelo de distribución física trabajó para todos. Pero el nuevo no lo hace. Todavía no, todavía no. No hasta que “lo averiguaremos”. Estoy seguro de que todos nos vamos a cansar de verme haciendo esto[comillas en el aire].

“DENTRO DE ESTA FRASE TRILLADA:”TENEMOS QUE ENCONTRAR LA MANERA DE HACER QUE ESTOS LANZAMIENTOS FUNCIONEN PARA TODO EL MUNDO” SE ESCONDE EL ESQUELETO DE UN MONSTRUO”

No estoy de acuerdo en que la vieja manera es mejor. Y no creo que esta frase sea verdad: ” Tenemos que encontrar la manera de hacer que estos lanzamientos de distribución digital funcionen para todos” no estoy de acuerdo con él porque dentro de su lenguaje mundano hay supuestos tácitos: el marco de un sistema de explotación que ha estado en desacuerdo con mi vida creativa en conjunto. Dentro de esa frase trillada, “Tenemos que encontrar la manera de hacer este trabajo para todos”, se esconde el esqueleto de un monstruo.

Vamos a empezar por el principio. “Tenemos que encontrar”: el sujeto de la oración, la primera persona del plural, suena inclusivo, pero el contexto derrota a esa presunción. ¿Quién tendría el poder para implementar un nuevo paradigma de la distribución? ¿Quién iba a estar en la habitación cuando discutimos nuestros planes para ello? ¿Quién haría la salida pensando que tenemos que hacer? ¿Industria y consumidores? Los consumidores es una respuesta probable, pero ¿tendrán voz y voto los consumidores para decidir acerca de cómo su música se comprime o se etiqueta o se protege contra copia o se sube a la nube? ¿Alguien? ¿Los consumidores tienen la decisión sobre si es o no de Apple un álbum de U2 en su biblioteca de iTunes? Por supuesto que no. Estas cosas se acaban de hacer y tuvimos que tratar con ellas como hechos incuestionables. Que los consumidores se rebelen o se quejen de cosas – “retroceso de mercado” – no es lo mismo que estar involucrado en la decisión de hacer algo. Es evidente que el “nosotros” de esta frase no incluye al oyente. Creo que cualquier intento de organizar la escena musical que ignore al oyente está condenado al fracaso.

¿Qué hay de las bandas? ¿Las bandas van a conseguir un asiento en la mesa de “nosotros”, mientras que se cumplan nuestras necesidades imaginarias?Por supuesto que no. Si le preguntas a las bandas lo que quieren – y sé esto porque estoy en una banda y me ocupo de las bandas todos los días – lo que quieren es una oportunidad para exponer su música y para tener una oportunidad de que les paguen por su audiencia. Creo que el estado del funcionamiento actual satisface la primera de estas condiciones exquisitamente y la segunda al menos tan bien como el viejo paradigma del sello discográfico.

Entonces, ¿quién es este “nosotros”? Las partes administrativas del antiguo negocio de la música, estos son. Las etiquetas verticales que tienen derechos de autor de una gran cantidad de música. Quieren organizarlo. Quieren establecer el orden del día. Y quieren hacer todo el retoque estructural. Las bandas, el público, la gente que hace música y que paga por ello – visiblemente no se encuentran en la discusión.

¿Qué hay de la palabra “necesitamos”, la “necesidad” de encontrar? La necesidad es en realidad un “deseo”, una preferencia. Estos restos de la industria de la música no están satisfechos con la forma en la que Internet, las bandas y el público pueden funcionar sin ellos. Así que prefieren cambiar las cosas para restablecer relevancias. Esto se ve en la serie de 360 ofertas que se ofrecen ahora, donde todo lo que una banda hace, desde su música hasta sus camisetas o sus cuentas de Twitter pertenecen al sello discográfico. A cambio, el sello discográfico ofrece dinero inicial. Creo que este enfoque está condenado por cosas como Kickstarter, que han demostrado mayor eficacia y eficiencia en la recaudación de dinero directamente del público que quiere apoyar a la música.

¿Qué tal el infinitivo “encontrar”? Necesitamos “encontrar”. Eso presupone que podemos saber cómo atacar una empresa de distribución global mucho después de que internet haya creado una participación colectiva que de una manera eficiente y sin dolor hace precisamente eso. Hay una razón por la que la llave del agua no ha cambiado radicalmente en los últimos años. El tiempo y el buen juicio han demostrado que la mejor y más simple manera de controlar el agua caliente es girando un grifo. Problema resuelto, no se requiere resolución para el problema del grifo de agua caliente. No puedo ser el único que está molesto por los grifos de proximidad constantemente desalineados en baños públicos. Imagínese si escuchar música era tan frustrante como eso.

La siguiente parte de la frase: “hacer” el trabajo de distribución . Esto implica que tenemos control sobre la distribución, que podemos hacer que haga algunas cosas pero no otras. Internet demuestra que se trata de una falacia. Una vez que lanzamos la música, está fuera de nuestro control. Yo uso el verbo “lanzar” porque es lengua vernácula común. Pero creo que es una descripción perfecta. Aún más apto, si se tiene en cuenta lo que sucede cuando se suelta otras cosas, dicen que un pájaro o un pedo. Cuando se les suelta están en el mundo y el mundo va a reaccionar y utilizarlos como lo considere oportuno. En el caso del pedo puedes arrugar la nariz hasta que se disipa. El ave puede volar fuera y cagarse en los parabrisas; puede ser derribado por un agricultor. Ha sido puesto en libertad, por lo que no tienen ningún control sobre él. No puede hacer volver al pedo, por mucho que le gustaría. No se puede proteger a las aves.

Distribución es una palabra problemática. Su significado previo implica escasez y reparto de productos físicos. Puedes hacer un inventario de ellos, usted podría ponerlos impuestos, tasas, podrías cargarselo a alguien. Nada de eso es cierto con los archivos digitales. Si fuera posible devolver los archivos digitales para el control estricto de los sellos discográficos (es imposible, no te preocupes), ¿sería un incentivo para ser honesto en su contabilidad? En el modelo de distribución física puedes hacer inventario de los títulos en el almacén durante una auditoría y compararlos con la entrega que se manifiesta desde la prensa de la planta de fabricación, y saber con exactitud razonable de cómo se habían vendido muchas copias. ¿Cómo diablos lo haría un inventario de un archivo digital? ¿Contar cuántos se quedaron en el estante?

Esa palabra es problemática, pero la palabra más problemática en la oración es la palabra “funcionar”: tenemos que encontrar la manera de hacer que “funcione”. Funcionar es una palabra imposible en este contexto. Dependiendo de quién lo utiliza, tendrá significados contradictorios. Para una compañía del sistema funcionaría si se generó un beneficio por cada reproducción, teniendo el acceso a la música controlado mientras que proporciona acceso a la audiencia para los anunciantes como un ingreso adicional, y permite la disponibilidad del patrocinio para la promoción. Para el oyente significaría un acceso abierto, la capacidad de encontrar la música concreta o rara, reproducción continua, falta de molestia, la facilidad de uso, la libertad de espionaje, de bajo costo o sin costo, la utilidad en diferentes dispositivos, la falta de patrocinios y la falta de publicidad . Para una banda significaría encontrar una audiencia y que no tenga barrera a la participación, y que no haya límites a la cantidad de material disponible. Puedes ver cómo esto es problemático. Es literalmente imposible que un sistema pueda satisfacer todas estas necesidades de forma simultánea porque son contradictorias.

Y los enfoques híbridos que han ido siendo probados son torpes e insultantes. Recientemente he probado la transmisión de un podcast de un sitio oficial autorizado. Cuando los gatos comenzaron a pelearse me perdí un poco, tuve que separarlos y luego alimentarlos y luego calmarlos. Volví a mi computadora e intenté volver a reproducir los últimos minutos que me había perdido, pero fui recibido con un aviso de que debido a los acuerdos de derechos de autor a este reproductor no se le permitía rebobinar el podcast. Me resulta inimaginable que las personas que publican el podcast quisieran habilitar esa disposición. Y el sitio sólo se aseguró de que yo nunca molestaría otra vez con su producto.

La conclusión de esa frase, el “para todos” también es problemática. Yo no creo que sea necesario o incluso preferible tener a todos los involucrados en la definición de la experiencia de la música o de manera más general la relación de la banda con su público. Parece que aceptar que las tiendas de discos, que alguna vez fueron la cara amable de la industria y el destinatario de mucho patrocinio promocional descrito anteriormente, no llegarán a la era digital. Las tiendas de discos aparecen ahora vendiendo discos de segunda mano, algo que la industria solía llenar periódicamente de mierda. Y mediante la especialización y material de coleccionista demasiado marginal para la atención de las corporaciones, es evidente que no son parte del “todo el mundo” en la frase.

Así que no hay razón para insistir en que otras oficinas y despachos obsoletos de la era caduca deban ser llevados a la nueva. La industria de la música se ha reducido. En la contracción se ha eliminado el peldaño intermedio, dejando a las bandas y las audiencias para resolver su relación desde los extremos. Veo esto como saludable y emocionante. Si algo hemos aprendido en los últimos 30 años es que entregar sus propios dispositivos a las bandas y su público puede funcionar bien: las bandas pueden encontrar la manera de poner su música frente a una audiencia y la audiencia será capaz de encontrar la manera de recompensarlos.

“INTERNET HA FACILITADO LA RELACIÓN MAS DIRECTA Y EFICIENTE, LA MÁS COMPACTA ENTRE LA BANDA Y EL PÚBLICO”

El Internet ha facilitado la relación más directa y eficiente, la más compacta entre la banda y el público. Y no hay que llorar la pérdida de las oficinas de las ineficiencias que murieron en el proceso. Supongo que algunas personas están sin trabajo. Pero lo mismo sucedió cuando el automóvil reemplazó al caballo, y todos los herreros tuvieron que adaptarse, pasar su tiempo haciendo puertas de jardín en lugar de herraduras.

Cuando repasaba estas notas hoy en el avión me sentí como si me hubiera pasado mucho tiempo enumerando las quejas, y yo no quiero terminar sin reiterar lo fantástico del ambiente de la música actual. Veo más bandas y escucho más música que nunca antes en mi vida. Hay más conciertos, más canciones disponibles que nunca antes, las bandas están siendo tratadas con más respeto, y controlan más sus carreras y destinos. Los veo continuando como una constelación de empresas: algunas grandes, otras pequeñas – más pequeñas, pero todas ellas con una respuesta más inmediata de su audiencia y una mayor posibilidad de éxito.Es realmente emocionante.

He estado hablando un largo rato horrible, pero aún no he mencionado el debate sobre la propiedad intelectual. Voy a tratar de hacerlo brevemente ahora. Me gustaría dejar espacio para preguntas después de hablar yo, y aunque estoy dejando de lado un montón – editorial, créditos robados, muestreo, uso justo, inspiración – sospecho que habrá una discusión sana después y pensar que esas discusiones son necesarias y aplazadas.

Por mi parte, creo que el concepto mismo de propiedad intelectual exclusiva con respecto a la música grabada ha llegado a su fin natural, o algo así como a un final. La tecnología ha traído a la cabeza la necesidad de abrazar el significado de la palabra “lanzamiento”, como en aves o pedos. Ya no es posible mantener el control sobre el material digitalizado y no creo que el bien público sirva para probarlo.

Hay un gran bien público al permitir que el material creativo pase a la propiedad pública. La ley de derechos de autor se ha modificado de manera tan extensa en las últimas décadas que ahora esto esencialmente nunca sucede, creando absurdos cuando se invoca el derecho de autor. Hay un enorme cuerpo de trabajo que no está legalmente en el dominio público, aunque sus titulares de derechos, los autores y creadores han muerto o desaparecido como empresas. Y este material, desde un punto de vista legal ahora eliminado de nuestra cultura – nadie puede copiarlo o volver a lanzarlo porque todavía sujetas a derechos de autor.

Otros absurdos abundan: el uso inocuo de la música en el fondo de videos caseros o proyectos de los estudiantes es técnicamente una violación y los obstáculos oficiales están preparados para evitarlo. Si quieres un video de tu boda – primer baile de tu padre con una nueva esposa – es fuera de los la ley a menos que sea en silencio. Si tu pequeña hija hace una danza alocada con una canción de Prince no te molestes en ponerlo en YouTube para que sus abuelos la vean o un enano púrpura chapero te pedirá medidas cautelares. ¿Acaso ofendo al pequeño? A la mierda. Su música es veneno.

La música ha entrado en el medio ambiente como un elemento atmosférico, como el viento, y como tal no debe ser objeto de control y compensación. Bueno, no hasta que los titulares de derechos estén dispuestos a dejar que demos la vuelta a la tortilla. Si usted piensa que mi escucha vale algo, bien, entonces, yo también. ¿Suena una canción de Phil Collins mientras compro la comida? Pagadme $ 20. ¿Def Leppard? Que sea de $ 100. ¿Miley Cyrus? No sois capaces de imprimir dinero suficiente.

(Este artículo es una traducción de “Steve Albini on the surprisingly sturdy state of the music industry – in full” de TheGuardian.com  realizada por Javier Casillas para PromocionMusical.es)

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