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Ansiedad escénica. Mamá, ya no quiero ser artista.

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Escrito por Mariola Lupiáñez

En los últimos meses, hemos conocido a través de la prensa diversos casos de artistas que tienen que decir adiós a los escenarios durante un periodo de tiempo debido al miedo a la exposición pública. Uno de esos casos fue Pastora Soler, reputada cantante y presentadora con más de 15 años de carrera musical, que decidía abandonar los escenarios después de haber representado a España en Eurovisión por culpa de la ansiedad escénica que venía padeciendo en el último año. Los medios de comunicación se hacían eco de esta noticia y se preguntaban qué había podido ocurrir en la vida de la artista para cogerle miedo a un escenario en el que se llevaba desenvolviendo sin problemas desde que era prácticamente una niña.

Otros artistas a los que la ansiedad ha atormentado durante sus carreras son Adele, Robbie Williams, Joaquín Sabina o la mismísima Barbra Streisan, que decidió no subir al escenario durante 25 años después de una actuación en la que olvidó parte de la estrofa de una canción.

Qué es la ansiedad escénica y cómo se manifiesta

La ansiedad escénica es un tipo de fobia social que aparece cuando una persona teme ser evaluada por los demás de manera negativa. No solo se experimenta en un escenario, sino también en un examen oral, ante un tribunal evaluador o en otro tipo de contacto social en el que la persona siente que sus actos no van a estar a la altura de sus exigencias ni de las de la persona que tiene enfrente. Y no solo aparece en el momento de la actuación, si no que la ansiedad se experimenta en gran medida antes y después de que esta tenga lugar. En el caso de los músicos, se estima que todos los profesionales o estudiantes la han sufrido en alguna ocasión, causando graves trastornos a un tercio de ellos.

Las formas en que la ansiedad puede manifestarse de clasifican en tres grupos: Respuestas cognitivas, fisiológicas y comportamentales.

Respuestas cognitivas a la ansiedad escénica

Las respuestas cognitivas corresponden a todos los pensamientos y frases que el músico se dice a sí mismo. “No voy a poder” “Me va a salir mal la actuación” “Todos notaran mis fallos” “El público no va a resultar contento” “Hoy me juego demasiado” Estos pensamiento suelen ser muy rápidos, casi imperceptibles para si mismos pero muy repetitivos e intensos lo que hacen que terribilicen con las consecuencias negativas que tendría el supuesto fracaso en sus vidas profesionales. Esta no es solo una merma a su autoestima, si no que afectan a la atención, que se centra solo en los pensamientos catastrofistas y deja de hacerlo en la partitura, en el instrumento o en la maravillosa sensación que supone disfrutar de hacer música y compartirla con el público.

Respuestas fisiológicas a la ansiedad escénica

Estos pensamientos negativos dan lugar a la segunda respuesta, la fisiológica. Todas aquellas sensaciones físicas, molestas y desagradables que da lugar la ansiedad: dolor de estómago, mareos, sudoración excesiva o temblores. Sin ser ninguno de estos síntomas peligroso ni preocupante para nuestra salud, en ocasiones resultan incapacitantes para el músico, que precisa de su cuerpo y del control que ejerce sobre este para hacer música. Una sudoración excesiva puede hacer que el violinista tenga dificultad para mantener la postura sobre la barbada, o el mínimo temblor desafinar el toque de un guitarrista o la entonación de un cantante. Probablemente el público que disfruta de la actuación, no aprecie esos pequeños matices, pero para el músico esa retroalimentación negativa hace que los pensamientos se sigan disparando, y los síntomas físicos se sigan acrecentando, convirtiéndose en una pescadilla que se muerde la cola.

Respuestas comportamentales a la ansiedad escénica

Finalmente, aparece la respuesta comportamental: los comportamientos de seguridad y la evitación. Un cantante que tiene miedo puede no arriesgarse a última hora con un tono demasiado alto. Un trompetista puede alegar estar enfermo y no acudir en el último momento a una actuación porque sabe que tendrá un solo en el que toda la atención está focalizada en él. Aunque las respuestas de seguridad y evitación disminuyen la ansiedad enormemente, solo lo hacen a corto plazo. Después la ansiedad aumenta mucho mas ante la expectativa de una próxima exposición. Y lo más importante, el artista es incapaz de disfrutar de la música, que es la motivación intrínseca del músico, disfrutar con lo que hace.

La ansiedad escénica, como cualquier otro trastorno de ansiedad, debe ser evaluado y tratado por un especialista que nos ayude a evaluar los pensamientos negativos e irracionales sobre uno mismo y su trabajo, contrastarlos con la realidad y transformarlos en racionales y positivos. Las técnicas de relajación ayudan a controlar la sintomatología corporal, a conocerla y perderle el miedo. Y la exposición continuada al escenario, a la audición y al público nos ayudarán a descubrir que ni los síntomas son tan malos, ni nuestros pensamientos tan ciertos, ni el público tan cruel. Recuerda que al final de la actuación, y pase lo que pase, siempre recibirás un gran aplauso.

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Sobre el autor

Mariola Lupiáñez

Licenciada en Psicología por la UGR, Investigando sobre la ansiedad escénica en el flamenco.

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